SEMPER VIVENS

ETAk Elespe hil zuenean, Xabier Lapitz kazetariak galdetu zion Irungo zinegotzi Borja Semperri zer zen eskoltarekin bizi beharraren okerrena. Orduan kontatu zuen auzo bateko festetatik bota zutela. Berak ez zuen aipatu, baina badakit Behobiaz ari zela, kontu ezaguna zelako Irunen. Hasieran eskandalizatu nintzen: hori al da okerrena hiltzeko mehatxupean bizi zarelarik? Baina berehala konturatu nintzen arrazoi zuela. “Sin fiesta no hay comunidad” (beste batean kontatuko dizuet nondik atera dudan hori), eta norbait edo kolektibo bat festetatik egoztea komunitatetik at uztea da. Historikoki agotei gertatutakoa, eta azken 25 urte honetan Bidasoaldean gauzatua.

Noiz da zilegi eta noiz ez hori egitea? Horixe galdetu nion Borja Semperri, idatziz. Atzo, halabeharrez, sarrera hau gaurko gordea bainuen, La Sexta Nochen topatu nuen, eta Mikel Iturgaitzi egindako erasoaz galdetu zioten, bai eta berak erantzun ere zeinen gaizki iruditu zitzaion, jakina, ederki baitaki berak zer den hori.

Spoiler: Borjak niri ez zidan erantzun. Oharra: denbora pasa da eta testua (akatsak akats, bere horretan utzi dut) agian batzuetan ez da ulertzen, erreferenteak zaharkitu direlako. Adibidez, “OiaSSo Konpainia” pegatinarena: rojigualdarenaz gain, SS delakoak nazien SS letra motarekin idatzita zeuden, emakumeen berdintasunezko partaidetza aldarrikatzea demokraziaren aurkako eraso erabatekoa zelakoan. Nahi duenari atsegin handiz emango diot azalpen zabalagorik aipatzen diren beste kontu edo pertsona zenbaiten inguruan.

Irun, 10 de abril de 2002.

Estimado Borja:   

El jueves día 31 de marzo a la tarde tuve oportunidad de oírte en el programa “El Altavoz” de Radio Euskadi, con ocasión del asesinato del concejal socialista de Orio. He preferido dejar pasar cierto tiempo antes de enviarte los siguientes comentarios, para demostrarme a mí mismo que no son fruto de la irreflexión.

Me llamó poderosamente la atención tu relato del ataque que sufriste en fiestas de Behobia (creo que te referías a ese barrio), y lo injusto que te parecía que fueras agredido por gente que, incapaz de responder a tus argumentos, pasó a la violencia física. Me temo que su único y gran argumento era simplemente ése, que no podían soportar tu presencia en aquel espacio festivo, culpable como eras de representar una opción política que consideraban  ilegítima. El carácter festivo, por su propia naturaleza, invita a la participación, la camaradería, la confraternización, a reforzar el sentido de comunidad de los presentes. Por eso les resultaría insoportable la presencia de un individuo con quien no querían compartir nada, mucho menos una actividad que no era un mero divertimento, sino un acto de autoafirmación de la identidad behobiarra… El problema no eras tú, sino su concepto de “Behobia”, entendido no como un barrio en el que conviven en pie de igualdad una serie de vecinos de muy diferentes ideologías, niveles socio-económicos, orígenes culturales, profesiones, actividades, gustos, etc., sino como una comunidad homogénea de auténticos “behobiarras”, que se reafirman anualmente en sus fiestas, y una serie de individuos y familias que habitan en el mismo espacio físico sin ser “de verdad” del barrio porque no representan su esencia.

Mucho me temo que tales individuos compartían, en líneas generales, el mismo ideario que Arnaldo Otegi. En la pasada campaña electoral le oí en la radio la siguiente aclaración, a mi juicio desafortunadísima, de los posibles componentes de un hipotético censo vasco: en Francia no todos los habitantes que forman parte de la sociedad francesa son parte del Pueblo Francés (por el modo de decirlo, seguro que lo habría escrito con mayúsculas).

Lo que me llamó la atención no fue tanto la agresión, por desgracia una de las muchas que sufren muchas personas en el País Vasco, y con mayor frecuencia en fiestas, porque su mera opción ideológica basta para provocar la ira de algunos. Lo que me llamó la atención es que quien pusiera ese ejemplo fueras tú, concejal en una localidad que desde el año siguiente al de tu agresión vive todos los años en sus fiestas más importantes un ambiente, no de confrontación, sino de persecución de un grupo numeroso y manifiestamente violento contra otro grupo que lo único que pretende es hacer lo mismo que hiciste tú: disfrutar de las fiestas en el lugar, momento y modo que le parece oportuno, sin negar absolutamente a nadie el derecho a hacer exactamente lo mismo, pero, como tú, sin pedir permiso a una autoarrogada verdadera esencia de la comunidad. ¿Argumentos para la exclusión? Yo estoy dispuesto a razonar, argüir y documentar la multitud de falsedades, incoherencias y contradicciones del discurso betiko allí donde tenga oportunidad. Pero no tengo oportunidad porque se me argumenta lo mismo que te expusieron a ti: descalificación, insulto, escupitajo, empujón, golpe, en suma, expulsión de un espacio y/o un tiempo que no me corresponde por no ser Pueblo de Irun. El tan manido “argumento” son de fuera expresa no tanto un concepto geográfico como identitario: tú no eres de la genuina Behobia, yo no soy del auténtico Irun. La defensa de la opción de que todas las personas tienen los mismos derechos todos los días del año en todos los espacios públicos acarrea, y más que a mí a otras personas, numerosos problemas, palizas (alguna a punto de ser mortal, otras con fracturas) y amenazas de muerte incluidas, el día 30 de junio y el resto del año.

Y me llamó la atención porque durante todo este tiempo tu actitud y la de tu grupo político ha sido, en el mejor de los casos, la de indiferencia. No es que me extrañe que un partido como el popular se desinterese de la consecución de la igualdad de oportunidades real para todas las personas, sea cual sea su sexo, opción sexual, raza, origen,religión o ideología. Lo que me llama la atención es el silencio culpable que mantiene tu partido ante la defensa de la exclusión, liderada en el Bajo Bidasoa por un partido que en otros ámbitos es acusado por el tuyo de etnicista, y que aquí se ha apoyado, más que en la Tradición, en la Voluntad del Pueblo. ¿Dónde estaba el equipo de gobierno municipal cuando la cabeza de lista de PNV-EA manifestaba en un pleno, coincidiendo casi hasta literalmente con la idea de Arnaldo Otegi, que para ella el Alarde municipal no era del Pueblo? No estaba en ningún sitio, porque el Gobierno municipal ha hecho todo lo posible para deslegitimar ese Alarde ante la ciudadanía. Ya sé que sobre todo ha sido el alcalde, pero su responsabilidad no exonera la tuya, aunque sea menor. Si no por el trasfondo del asunto, los argumentos y medios que ha utilizado la opción excluyente habrían debido ser suficiente para que cualquier partido democrático la denunciara por utilizar semejantes medios. ¿Qué opinarías de alguien que justificara o siquiera relativizara la importancia de la agresión que sufriste en 1995? Y no me refiero al daño físico, sino al hecho de que alguien considere siquiera disculpable que tu sola presencia sea entendida como una provocación.

Y el argumento de que tras la defensa igualitaria se esconde una opción política concreta, concretamente la que te impide a ti participar libremente en las fiestas, no es válido. Primero porque ambos sabemos que es falso. Y segundo y principal porque los derechos fundamentales nunca se pueden someter al arbitrio de la simpatía personal o política que nos provoquen sus depositarios. Yo no siento la menor simpatía política por ti, pero eso no me impide sentir todo el respeto que me merece tu derecho a deambular libremente cualquier día del año en cualquier espacio público sin que se cuestione no sólo tu integridad física, sino incluso la legitimidad de tu presencia. Yo comprendo que  no sientas la menor gana de implicarte en la defensa de los derechos de alguien que no se preocupa por los tuyos. Pero fue vergonzoso el silencio de los “constitucionalistas” cuando aparecieron las pegatinas de “Oiasso Konpainia” sobre un fondo de bandera rojigualda. El mero hecho de que ése sea un argumento contra la igualdad debería poneros en guardia del peligro que esconde esa opción.

Ya lo decía el difunto Ernest Lluch, considerado por algunos bidasoarras “persona non grata” ante su defensa de la participación igualitaria de la mujer y asesinado por la organización terrorista cuyos intereses, según compañeros tuyos de partido, defendemos “con el pretexto de la igualdad”: ¡qué más quisiera que algunos tildados de constitucionalistas lo fueran de verdad!. Porque constitucionalista es un término que, paradójicamente, es el insulto que nos corresponde por quienes defienden que todo esto no es más que un montaje para imponer la Constitución Española contra los legítimos derechos del Pueblo Vasco. Si no te importa la vulneración del derecho a la igualdad de las personas, por lo menos debería importarte que semejantes ideas se extiendan por nuestra comarca como “la verdadera democracia, que se basa en la voluntad del pueblo”. Es tu partido el que defiende que la sola reivindicación de soberanía da cobertura a los crímenes de ETA. ¿Acaso no te preocupa que la manifestación en protesta por el asesinato del concejal Caso, a la que acudieron muchos de fuera de Irun, no llegara a convocar ni a un tercio de los que se reúnen a reivindicar la discriminación? 

Sin embargo, el silencio más doloroso para mí, y concretamente por parte del PP, ha sido el de la denuncia del asesinato de José Manuel Indiano la misma noche que ocurrió, en el transcurso del homenaje a Lluis Companys. El presentador tuvo que escuchar pitidos, gritos de fuera, fuera, fascista, asesino, etc. por su denuncia pública del asesinato. Ese presentador es el mismo que ha sido golpeado por defender la presencia igualitaria de las mujeres en el Alarde de Hondarribia, repetidas veces insultado y, por utilizar la terminología de tu compañera Eva, estigmatizado por su lucha a favor de la igualdad. Estigmatizado, entre otros, por votantes, simpatizantes y militantes de tu partido, Borja, cuyos nombres ahora no voy a revelar porque no me parece el momento oportuno, que lo llaman asesino terrorista al lado mismo de los que lo insultan como constitucionalista y españolazo.

Aunque puedo llegar a entenderlo, también me llamó la atención que manifestaras que a los concejales de Batasuna ni siquiera los miras a la cara. Me cuesta creer que se alegrarían si sufrieras un atentado, ni que lo deseen. En el caso de Elosegi es evidente, en el de los otros, no lo sé. Otra cosa es que no se atrevan a “salir del armario”, valga la expresión. Mira a Elosegi, cómo lo riñeron y cómo se retractó tras un tímido intento. El argumento de Ernesto Gasco, así sin más, tampoco me parece muy válido. Como tú mismo bien le respondiste, quienes te agredieron eran compañeros de colegio tuyos. Te envío adjunta copia de un compañero mío de EGB, prueba evidente de que compartir clase no es suficiente argumento para la convivencia. Aunque está sin firmar, no se me escapa quién es. Algún día te lo contaré, seguro que lo conoces.

Sin embargo, lo que me interesaba expresarte es que creo que deberías hacer un esfuerzo y superar tu repulsa personal con respecto a los concejales que te parece no se interesan lo más mínimo por tus derechos fundamentales. Conozco a gente que no entiende por qué tú y otros miles de personas se juegan la vida por algo tan poco importante como es ser concejal. Yo lo entiendo perfectamente. No tiene nada que ver con el trabajo que puedas hacer en un ayuntamiento: por mucha voluntad que pongas, y por muy mal que te parezca que lo hacen otros, el resultado final no puede ser tan diferente como para arriesgar la vida. Según lo veo yo, la cuestión no es ésa, sino la siguiente: ¿para qué quiero vivir si no tengo libertad de vivir como quiero? Ni siquiera es suficiente la garantía de la vida para asegurar la libertad. Creo que fue tu compañera donostiarra Mª José Usandizaga la que acuñó durante la tregua una frase luego bastante repetida sobre la violencia de persecución: antes nos mataban, ahora no nos dejan vivir. Cuando yo me hice insumiso me arriesgaba a una condena de uno a seis años de cárcel militar, en ningún caso menor al tiempo de servicio militar que habría tenido que cumplir. Pero yo no me hice insumiso para librarme de la mili, sino para no colaborar con algo que considero ilegítimo. Volviendo al tema de los concejales, hasta ahora tú y tu grupo municipal habéis “cumplido la voluntad del Pueblo” y por tanto impedido que yo sea un ciudadano con los mismos derechos que los demás. Mi vida no está en juego, y la conculcación de mi derecho fundamental se limita a un día: el grado de lesión de derechos es el mínimo, frente al de la vida, que es el máximo, pero el principio es el mismo en ambos casos, la lucha contra la desigualdad. Tu vida está en peligro todas las horas del día, condicionada por la presencia de escoltas hasta en los actos más nimios; pero de los múltiples ejemplos que pudiste poner, elegiste uno que te pareció especialmente relevante. ¿No eres tú quien denunciaba tu expulsión de la fiesta privada de los auténticos behobiarras?  Porque allí se simbolizó mucho mejor que en otros actos tu exclusión social.

No sé si este año pasado acudiste a la misa de San Marcial; yo no te vi porque se me denegó el acceso a ese acto público de más de 400 años de tradición en Irun para su mejor disfrute –mi sola presencia les debía resultar una imposición intolerable- por parte de los miembros de una “escenificación privada” legitimada por el Ayuntamiento democrático que se supone vela por los derechos de toda la ciudadanía. Disfrute que incluía la intervención en el acto supuestamente público con la escolta de hacheros y salva de honor que corresponde en un alarde público, a la compañía Bidasoa. ¿A eso se eferría el equipo de gobierno cuando pedía el respeto a la ocupación del espacio público por parte de una entidad privada que no tiene sentido si no es discriminatoria? Pero yo no voy a dejar de mirarte a la cara pese a que sé que utilizas –o por lo menos hasta ahora lo has hecho- tu poder municipal para impedir que goce de todos mis derechos. Y no voy a dejar de mirarte a la cara entre otras cosas por el mismo motivo por el que no boicoteo los comercios regentados por “betikos”: porque creo que eso no ayuda a solucionar este conflicto, o cualquier otro que surgiera en el futuro y en el que nos pudiéramos encontrar, a lado o enfrente uno del otro.

Podría seguir comentando la opinión de otro contertulio, que no acerté a adivinar quién era, y al que respondiste que a ti poco te importa que dentro de 25 años haya quien se avergüence de lo que ocurre actualmente, entre otras cosas porque durante ese tiempo eres tú quien padece la violencia. En efecto, tienes toda la razón, preocuparse por eso no sólo es estúpido, sino muy posiblemente falso. Por ejemplo, ¿cuántos de los criminales que actuaron en el franquismo han manifestado públicamente su arrepentimiento?

Pero creo que ya tienes bastante materia para reflexionar si quieres hacerlo, y con el Alarde por ahora me basta. Estaré encantado de leer tus reflexiones si me las quieres hacer llegar. Mientras tanto, recibe un cordial saludo.

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