Poner… o quitar valor al patrimonio inmaterial

Desde un solo punto de la bahía de Txingudi, en la desembocadura del Bidasoa, se pueden ver hasta cuatro lugares donde, dicen, se celebraban aquelarres: Larrun, entre Navarra y Lapurdi (las brujas de Zugarramurdi, al otro lado del monte, apostaban, y alguna presumía de haber ganado, que eran capaces de saltar desde la cima hasta el mar);

Aiako Harria, entre Navarra y Gipuzkoa;

Jaizkibel, entre los valles del Bidasoa y el Oiartzun y el mar;

y las rocas llamadas Dunbak (cencerros, por su forma, aunque castellanizadas como Tumbas, o Jumeaux, Gemelas en francés).

Bajo Larrun queda el alto del Calvario, otro lugar de aquelarres y tormentas cercano, aunque no se ve desde la bahía. Su cristianización no es de extrañar: también hubo en Jaizkibel una ermita dedicada a Santa Bárbara (precisamente, abogada contra las tormentas; allí hablaba el diablo, también dicen, en euskara, gascón o castellano, según el origen de sus adoradoras), y otra ermita en Larrun… Y otros mitos se congregan en los mismos espacios. Por ejemplo, se dice que las Dunbak son una piedra lanzada con honda por Roldán desde Aiako Harria o Jaizkibel contra Bayona; pero patinó en una boñiga de vaca, perdió fuerza y la piedra se partió en dos… O que debajo de ellas se encuentra la antigua ciudad de Bayona, hundida por sus pecados… O que el genio de las tormentas habitaba en Aiako Harria. O que en el cabo de Higer, extremo de la desembocadura del Bidasoa hubo un templo romano dedicado a Venus (como lo hubo en el extremo pirenaico mediterráneo), o muy cerca una piedra donde descansaban las sirenas, que aparecen en el escudo hondarribiarra Tantos mitos concentrados en tan poco sitio, y todos con sus correspondientes pirenaicos al Norte y al Sur, y más al Este hasta Creus…
Pero ahora solo querría centrarme en cómo este patrimonio inmaterial se ha plasmado en paneles indicadores del camino de la bahía, un proyecto transfronterizo trilingüe. Porque el patrimonio inmaterial es tan importante como el natural, el histórico, el arquitectónico, el artístico…
La ventaja de un soporte virtual que lo mostrara, además de poder abarcar distancias mucho mayores, es que –al menos en teoría y por ahora– se reducen las posibilidades de vandalismo. Como ejemplo, dos de los paneles: uno aguanta perfectamente el paso del tiempo en condiciones atmosféricas adversas (el salitre y el viento no descansan ni cuando hace buen tiempo) gracias al acierto en el diseño y materiales elegidos por la empresa vasco-catalana Zoocreative;
el otro panel no, porque nada resiste al poder de una mano humana con mala leche:

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