No son ellas, son ellos

Se acerca el 25 de noviembre, esta vez con la polémica, otra más, de a quién se juzga realmente en el caso de violación de los sanfermines del año pasado, pues un acusado puso un detective a investigar la vida privada de la víctima. ¿Qué tiene que ver esto con un blog de mitología pirenaica? Demasiado, sobre todo por lo que indica qué poco hemos evolucionado  con respecto a lo que se espera de un hombre y una mujer. Ya he hablado en varias ocasiones de que en los mitos no les pasa lo mismo a ellas y a ellos. Generalmente ellas salen peor paradas. El varón rara vez es víctima, y a menudo sí castigador, sobre todo cuando el personaje mítico es femenino.

Los casos de hoy son reales, documentados históricamente, aunque las acusaciones de brujería, por definición, siempre recurren al mito. Por ejemplo, la “bruixeta” de Bellver de Cerdanya decía acudir a las reuniones brujeriles tras formular “peus sus fulla”, pies sobre hoja, evidente referencia a la posibilidad de volar mediante fórmulas que existían en todas las lenguas del Pirineo, incluso en alemán. El juez, benevolente, la perdonó a cambio de que renunciara a la brujería.

La plaza vieja de Bellver fue protagonista del juicio a "la bruixeta", como indica el panel turístico.

La plaza vieja de Bellver fue protagonista del juicio a “la bruixeta”, como indica el panel turístico.

Hay múltiples interpretaciones sobre estas adolescentes que se autoinculpaban, y de paso inculpaban a otras personas, casi todas mujeres: ¿afán de protagonismo, eso que genéricamente se llama “histeria”, incapacidad de soportar la presión social, confusión entre realidad y fantasía? También se ha hablado mucho de las acusaciones a ancianas, excluidas de la edad fértil y por tanto de su principal función como mujeres, de si eran ricas o pobres, de si eran sabias curanderas, o paganas, o rebeldes… Aunque los juicios actuales pretenden no revictimizarlas, incluso las presentan como heroínas, se siguen centrando en ellas; es decir, intentan entender el fenómeno de la brujería analizando a las víctimas. Tal vez sea hora de mover el foco, porque era la actitud de ellos la que resultaba decisiva en la suerte que corrieran ellas.

También en Cerdanya, el juez de Puigcerdà decidió liberar a varias mujeres de la Vall de Ribes tras meses de encarcelamiento. Si hubiera actuado con mayor diligencia, no se habría alargado hasta el inicio del invierno, y ellas no habrían sido víctimas mortales de una repentina y violenta nevada en la collada de Tosses.

De todos modos, y sin restar un ápice de culpa a la violencia institucional, a menudo olvidamos que los peores ataques provenían de sus vecinos más cercanos. Fue un juez quien condenó a varios habitantes varones de Elgorriaga, en Navarra, por someter a violencia y sobre todo un trato extremadamente vejatorio a unas mujeres de la misma localidad con la excusa de que eran brujas. El célebre inquisidor Salazar se llevó consigo a una donostiarra, no para juzgarla, sino para impedir que la lincharan.

Elgorriaga

De los muchísimos ejemplos, el que más me sigue escandalizando por perverso y cobarde es el de Arraioz (Baztan, Navarra). Acusada una mujer de brujería, no se limitaron a encerrarla, sino que la ataron a una viga en la cuadra de la torre de Zubiri, descalza y vestida solo con la camisa, en pleno invierno. Pues eso no fue lo peor: un vecino, uno concreto, le lanzaba baldes de agua fría. No era tortura judicial, que por muy terrible que ahora nos parezca estaba protocolizada y tenía sus métodos y límites; no, era crueldad gratuita. Por fin la soltaron y murió, ella sola y sin que nadie la matara, de pulmonía.

Zubiri

Vale que la gente se creía cosas increíbles y existía un auténtico terror colectivo, que lo arropaba la complicidad -colaboradora o miedosa- de los y las testigos, que la violencia era una forma de relación social aceptada, que si la intolerancia religiosa, que si el patriarcado… Nadie lanza agua fría a una mujer maniatada si no disfruta al hacerlo. Si no tenemos en cuenta eso que ahora llamamos responsabilidad individual, no entenderemos muchos de los crímenes que se cometieron contra las mujeres, disfrazados, y a menudo ni eso,  de lucha contra la brujería.

Dejar una respuesta