Negacionismo

Por mucho que me empeño en las redes sociales, no consigo que nadie me responda por qué negros, judíos, manchurrianos, etc. pueden participar en el Alarde y las mujeres no. Porque nadie defiende públicamente la exclusión de gentes con la sangre “ensuciada con alguna mixtura“, según el Fuero. Y eso que una de las discusiones en redes sociales se iniciaba al recordar que a inicios de septiembre de 1957 nueve jóvenes cuyo color de piel era oscuro pretendieron acceder a una escuela “de blancos” en Little Rock, Arkansas. La respuesta de la mayoría blanca (y aunque no se dice, con el silencio interpretable de la mayoría negra) fue contraria y muy violenta. ¿Muy? Solo les impidieron el acceso ante gritos, insultos y un lenguaje no verbal agresivo. No los lincharon, y no será porque no sabían hacerlo. 40 años después, una de las blancas que gritaba a una negra le pidió perdón. La comparativa con los Alardes del Bidasoa era insoslayable, sobre todo ante el rebrote de violencia contra Jaizkibel.

“Los nueve de Little Rock” escoltados por la Guardia Nacional. El papel de las autoridades y las fuerzas de seguridad norteamericanas del momento también contrasta con las actitud de nuestras instituciones, concretamente de la Ertzaintza.

El tradicionalismo justifica esa violencia argumentando que no hay tal, solo el enfrentamiento entre dos formas de entender el Alarde. Obvia que los negros tenían sus propias escuelas, por tanto la comparación sigue siendo pertinente: segregación por raza, segregación por sexo. Y ni así se reconoce, porque no se puede verbalizar la evidencia; es decir, que en el Bidasoa el único motivo de exclusión es porque son mujeres. Lo cierto es que ya hace una veintena de años que muchas personas, pese a su conocida vinculación con el tradicionalismo, se niegan a poner su cara y su nombre a ciertos argumentos. ¿Dónde está la cincuentena de firmas de hombres y mujeres de la abogacía que argüían que la tradición está por encima de la ley? Se publicó el manifiesto, pero las firmas desaparecieron enseguida. Es uno de los varios ejemplos.

Al paso de Jaizkibel, una chica aplaude, otras miran, una se tapa la cara con un cartel y entre las que se giran una vuelve la cabeza para mirar.

El tradicionalismo bidasoarra nació a destiempo, en un contexto social, cultural y jurídico en el que la desigualdad existe pero no se puede legitimar públicamente. Hay incluso quien niega que el machismo existe precisamente por la promulgación legal de la igualdad. Por eso, al menos un sector con perspectiva de futuro, practica cada vez más el negacionismo. Ni siquiera en 1996, pese a las continuas referencias a la historia para negar el acceso a las mujeres, nadie recordó el decreto foral de 1796, justo dos siglos antes: el restablecimiento de los Alardes anuales, sin que puedan concurrir a ellos los que no sean Nobles, y Originarios… Porque en el Antiguo Régimen no se avergonzaban de ser como eran, entre otras cosas racistas y por supuesto sexistas. No pasaría nada si no fuera porque “el cumplimiento del voto de nuestros antepasados” a menudo sirve de excusa para justificar posturas actuales.

Ahora, yo mismo hago chistes en una red social sobre la hermosura de un irundarra de familia emparentada con agotes altos, blancos y rubios. Sin embargo, cuando Paola Antolini estudió la historia y actualidad agote en los años 80 del XX, el entonces párroco aseguraba que él no había conocido discriminación; es más, afirmaba que no había existido nunca. También habitantes de Bozate afirmaban que en su juventud no les había importado no participar en los sanjuanes de Arizkun, pues los del barrio eran mucho mejores. No explicaban a santo de qué un barrio celebraba sus fiestas en las mismas fechas que las de toda la localidad, ni por qué dejaron de celebrarlas en cuanto pudieron hacerlo en la plaza del pueblo. Y es que unas décadas después les avergonzaba reconocer que sus convecinos les habían considerado seres inferiores, les avergonzaba tanto que llegaban a negar la evidencia.

Un barrio se lleva la fama, pero agotes hubo en muchos municipios del Bidasoa navarro, como Beintza-Labaien, el de la abuela del irundarra.

Gero esango dute ez zela inor aurka egon“. Así resumió/tituló el Diario Vasco mi primera conferencia sobre los Alardes: “Luego dirán que nadie estuvo en contra”. Como historiador, analizo el pasado, no el futuro. Pero el pasado nos da muchas pistas si de verdad queremos aprender, y no escudarnos en él.

De los Alardes escribo sin eufemismos, hasta con crudeza y rudeza, porque yo podré decir, ya lo puedo decir, no que nunca estuve en contra, sino que siempre estuve a favor. Entre otras cosas, porque sé qué pasó con los agotes.

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