Mitos de ayer, hoy y ¿siempre? (II)

También en el contrabando ilegal pero socialmente aprobado, el de bienes materiales, podía haber víctimas: por poner un ejemplo ligado a este blog, en un caserío de Etxalar, Navarra, en los años 40, decían que supieron que un hijo había muerto en un enfrentamiento con la Guradia Civil porque vieron una enorme araña negra en la cocina, augurio de desgracia donde los haya… Y eso sin hablar del maquis, que en Andorra por lo que sé no hubo, pero sí en Etxalar y en otros sitios, además del célebre caso de Val d’Aran.

Y después de los judíos (y muchos otros) pasaron los nazis. Uno de ellos, “Enrique el alemán” lo llamábamos, compró Andremariarenborda, el caserío que está encima del nuestro, a saber con qué dinero lo pagó. O igual no era nazi, pero en nuestro imaginario (de eso Rosa Sala sabe infinitamente más que yo: consulten su blog) todo alemán resulta nazi hasta que se demuestre lo contrario. ¿Con qué vinculamos Andorra?

Precisamente lo de las cabras de Sort me lo contó una señora en la visita al pequeño pero interesantísimo centro que habla sobre las desventuradas idas y venidas de miles y miles de personas por los Pirineos, no solo de norte a sur cuando los nazis, sino desde julio del 36 hasta el verano del 45, huyendo de rojos, fachas, nazis, vichys, resistentes, aliados… según el curso de las guerras y el color de los fugitivos. Les recomiendo la visita, en Sort, o al otro lado de los Pirineos, en Saint-Girons. El nombre ya dice todo: http://www.camidelallibertat.cat/

preso de sort

Presó de Sort, edificio del s. XV de muy pequeñas dimensiones que “acogió” a unas 3.000 personas que cruzaron el Pirineo durante la Segunda Guerra Mundial. 

Hasta hay una película sobre el tema protagonizada por Anthony Queen, “El Pasaje”, de 1979. Tiene interés porque saca a relucir todos los elementos arriba citados: miedo, falta de preparación, codicia, incertidumbre, tentación de abandono… en un paisaje que ahora nos parece idílico pero puede ser terrible. También se habló de eso en Núria.

De hecho, en las páginas que el historiador Josep Calvet dedica a Andorra en “Les muntanyes de la llibertat: El pas d’evadits pels Pirineus durant la Segona Guerra Mundial”, se concluye que la red de pasaje por Andorra era más eficaz que otras, y el franquismo no solo recelaba de particulares, sino incluso de las autoridades andorranas en su colaboración con estas redes.

Émilienne Eychenne, en “Pyrénées en liberté : les évasions par l’Espagne”, dedica varios capítulos a los “pasadores”, los buenos y los malos: traidores que los dejaban en manos de nazis o colabos, codiciosos que les robaban o amenazaban con abandonarlos en un momento crítico si no les pagaban más, o simplemente mediocres en su trabajo que se equivocaban; pero en ningún caso asesinos sin necesidad. ¿Que cobraban? Por supuesto, y no barato en un tiempo en que conseguir comida o calzado era muy difícil. Un republicano huido que actuaba por afinidad ideológica con la Resistencia aseguraba no cobrar… excepto los gastos. De hecho, el estudio es interesante porque contextualiza su labor entre la “leyenda negra” que ya conocemos y la “leyenda dorada” del héroe anónimo que se juega la vida por ideales humanitarios, producto a posteriori, disimulador de un colaboracionismo más generalizado de lo que gusta reconocer (el libro está contado desde el lado francés). De unos 2.500 pasadores que localiza, más de mil sufrieron algún tipo de persecución, e incluso muerte en más de 150 casos. También habla de las celadas que les tendían falsos clientes para denunciarlos. La desconfianza, pues, era mutua. Y la lengua era vital en la (in)comunicación: un pastor accede a ayudarles porque algunos de los evadidos le hablaron en “patois”, lo que les daba una proximidad geográfica y cultural.

ziburu

Además de los “Morts pour la patrie” de la “Gran Guerra” de todos los municipios franceses, en los fronterizos suele haber monolitos dedicados exclusivamente a los evadidos, entiendiendo la huida como un acto de insumision a Vichy y/o el nazismo.
Este es de Ziburu, junto a San Juan de Luz, a diez km de la frontera y puerto del que salió, por ejemplo, el judío bayonés y Premio Nobel de la Paz René Cassin.

Por cierto, el único caso de Andorra que cita no es de malvado pasador, sino de un grupo en el que tres personas murieron, pero por las condiciones extremas de una imprevista nevada en octubre, bajando a Arinsal. En toda esta aventura, el paisaje era un protagonista más. Sí aparece en “El Contraban de frontera al Pirineu Català” una referencia a la leyenda negra contra judíos, pero sin aportar ningún dato concreto y desde luego sin mencionar Andorra. Cita robos a judíos de un malvado pasador con su identificación exacta, que sin violencia y mediante engaño se apoderaba de sus bienes personales; pero en Aran. Y también cita un pasador de judíos en Luchon/Aran que desapareció en manos de la Gestapo.

Por cierto, que sí hay todo un libro sobre el tema, por si alguien cree que las sospechas recaen por falta de estudio: “Andorrans als camps de concentració nazis: Aspectes d’Andorra durant la Segona Guerra Mundial”.

Entonces, ¿por qué Andorra se lleva la leyenda? La respuesta no está en el objeto de la acusación, sino en los prejuicios acusadores.

Y ahí el mito tiene mucho que ver. En la siguiente entrada, que esta ya va larga.

 

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