Mitología mitificada

El comentario de Ernest Altés, autor de l’anella de l’Ingla, aclaraba que según su informante, «no es un mite, es veritat», lo que nos remontaría a Carlomagno y la Alta Edad Media. Recordemos que el objetivo del ayuntamiento de Bellver de Cerdanya era perdurar con la escultura la memoria de un hecho relevante, la adquisición de aquel terreno, «por los siglos de los siglos».

L'INGLA

L’anella de l’Ingla, cortesía de autor.
Gràcies, Ernest.

Según contaba Unamuno, ante la jactancia de un noble francés de que su familia databa de muchos siglos atrás, un vasco (¿el propio Unamuno?) le respondió: «Pues los vascos no datamos». De tan atrás en el tiempo que nos vamos, claro. No es casualidad que el gran recogedor de mitos vascos, Barandiaran, fuera también prehistoriador. En el fondo, de los restos solo materiales a lo más inmaterial, le interesaban «los orígenes» y lo que de ellos había perdurado. No es cierto, como se le ha reprochado a menudo, que se refugiara en una especie de atemporalidad, como si entre Santimamiñe y el zezengorri no hubiese pasado nada sino el puro tiempo cronológico. Uno de sus primeras obras trataba sobre los cambios en su localidad natal, Ataun, en solo 25 años. Pero sí es cierto que no consideraba el aspecto cronológico el eje de los fenómenos etnográficos, como hizo su discípulo Caro Baroja, del que decía que le había «sobrepasado de forma vertiginosa». Pero no es menos cierto que, pese a la aportación de Caro, aún permanece el gusto por un determinismo de los orígenes para explicarnos lo que somos, al menos en el Pirineo Occidental. Y a menudo, atribuyendo a Barandiaran lo que no dijo, o no así. En fin, ya he hablado otras veces de que la historia (y hasta la prehistoria) es un mito de las sociedades modernas, no las tradicionales.

Ya he hablado también en otras ocasiones de la tradición oral en su sentido de patrimonio porque, al igual que el económico, se puede invertir bien y generar riqueza, o se puede echar a perder por una mala gestión. Claro que con la cultura siempre se puede recurrir de nuevo al original y reinterpretarlo. Y hablaba del patrimonio literario, y del ligado a museos, y a las artes plásticas. Y citaba a Basterretxea. Más allá de gustos o preferencias, entender su obra es entender en gran parte lo que ha pasado en este país. Tras la guerra civil, en pleno páramo franquista, la cultura vasca urbana buscaba sus raíces no en el pasado inmediato, que olía demasiado a sacristía, sino que se renovaba, en aparente paradoja, en artes plásticas abstractas, a veces inspiradas en lo recogido por Barandiaran. Hasta el nombre del movimiento musical y poético «Ez dok amairu» se basaba en un relato recogido por él.

En la navarra localidad de Lesaka, en pleno monte, el monumento-estela de Oteiza a «Aita Donostia», un gran musicólogo y folklorista, recrea esta visión de la cultura nueva profundamente enraizada: un círculo en una piedra, entre círculos de piedras, crónlechs en términos arqueológicos. El 1 de diciembre será el sexto aniversario del fallecimiento de Mikel Laboa, el mayor exponente de «Ez dok amairu». Sus cenizas reposan en este lugar mitificado hace milenios, y remitificado hace medio siglo. Entre Oteiza y Laboa, un individuo que se hacía llamar artista y de cuyo nombre no quiero acordarme, estropeó a martillazos la estela. Lo que me llamó la atención fue que argumentara, entre otras cosas, que el propio Oteiza había profanado aquel espacio al pisar con su obra un crónlech. Lo que «pisa» muy tangencialmente un megalito es el sutil edificio religioso del arquitecto Vallet. Pero eso es lo de menos.

oteiza

Cuando entendí a Ernest Altés que la única objeción a su obra fue que las vacas podían hacerse daño, mi sensación fue agridulce:

Agri, porque no acabo de entender cómo a estas alturas alguien se toma tan en serio los orígenes, o se permite esgrimirlos, para encubrir una acción de responsabilidad individual. En el Pirineo catalán llevan a gala los topónimos de raíz vasca, que no cuestionan su catalanidad. Hacen suyo el pasado sin que les condicione la realidad actual… Vale, esto es discutible: la historia pesa, y mucho; ¡pero es que aquí los hay que se remontan hasta la prehistoria para dilucidar temas del s. XXI!

Y dulce; porque en una década de escultura en l’Ingla ni una sola vaca ha sufrido daños. Y eso es muy gratificante para alguien que no renuncia a sus orígenes, aunque me quede muy poco de baserritarra.

Sarrera hau berriro dedikatu nahi diotet Miren Karmele eta Iñakiri. Badakite zergatik.

2 comentarios

  1. Miren Karmele
    Miren Karmele 30 noviembre, 2014 at 20:08:54 | | Responder

    Ernest Altésen eskulturatik ez oso urrun, Cadí mendikatean ere Santuario de Bastanist bat dago eta komentatu zidaten baztandarrak zirela hura ereiki zutenak.

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