Lo que nunca fue, pero siempre será

Así definía la mitología el filósofo Esteban de Bizancio el siglo VI, según recoge Robert Kaplan en “Fantasmas balcánicos”. Valga la cita erudita para presentar una de las principales características de los relatos míticos: concreción espacial y escaso interés por el tiempo histórico.

 

En los Pirineos, la referencia espacial puede ser tan concreta como una sima, una casa, un puente. Y, temporalmente, el día o la noche y sus momentos de cambio (mediodía y medianoche, amanecer y anochecer); también importan ciertas fechas clave de un calendario anual pagano más o menos cristianizado. Sin embargo, el tiempo histórico apenas existe en el pensamiento tradicional, aunque a veces lo parezca: Si se dice que algo es de cuando los romanos, o los moros, o que lo destruyeron los franceses, o, como oí a un matrimonio ataundarra afincado en un caserío de Sorabilla sobre ciertos bosques de Ataun, propiedad de los señores de Lazkano (Parientes Mayores medievales, cabeza del bando oñacino en Gipuzkoa) “desde que se largaron de allí los gentiles”, no hay que entenderlo en sentido literal, pese a que tales referencias no son despreciables para hallar restos arqueológicos.

Hay en el párrafo anterior material para varias entradas de blog. Ya llegarán. Ahora me quiero centrar en un par de relatos coincidentes en el tiempo y en su conclusión moral: guardarás las fiestas. Aunque ejemplos hay muchos, como hoy es Viernes Santo, nos quedaremos en un día como hoy no se sabe cuándo.

1)      En Ataun se han recogido un par de versiones, en el que varían los topónimos -siempre tres: la casa original, uno intermedio y la cueva del mito- donde ocurre el relato, aunque tan cerca unos de otros que hay coincidencias. Si van al Museo Barandiaran de la misma localidad podrán conocer este y otra cincuentena de relatos míticos sin salir de su término municipal.
Mapa de Ataun del Museo Barandiaran:
los puntos rojos designan relatos ubicados en su espacio
      El caso es que tres hermanos salen de su caserío un Viernes Santo a buscar ganado al monte. Les sale un novillo rojo que los persigue hasta que mueren extenuados. No deja de tener su punto que sea un típico genio pagano quien castigue no respetar la fiesta cristiana. ¿Tal vez por eso, porque, sin la protección religiosa, el ser humano es muy vulnerable a la naturaleza? Veamos el siguiente ejemplo.

 

2)      En la Val d’Isil, entre Aran, la Arièja y la Vall d’Àneu, cabeza de la Noguera pallaresa, siete (tres y siete no son números casuales) pastores que ya habían subido a las bordas en tan temprana fecha fueron sorprendidos por una avalancha de nieve dentro de sus bordas.
Bordas derruidas en la Val d’Isil, tal vez las protagonistas del relato, o un
ejemplo más del progresivo abandono de la economía tradicional en los Pirineos.
       Cuando por fin pudieron rescatar los cadáveres se encontraron con que tenían un pedazo de longaniza en la boca, precisamente el día de mayor prohibición de comer carne.

 

Poco más que añadir. Tal vez, que el castigo ocurre en un espacio “salvaje”, más propicio tanto para cometer el pecado como para ser castigado de forma mítica, no convencional: ¿es castigo divino, o el castigo es la ausencia de Dios por haberlo despreciado y expóngase usted a las consecuencias de una naturaleza siempre hostil? Ahora el concepto de naturaleza nos parezca benevolente, pero en la mentalidad tradicional no es así.

 

La próxima entrada de blog nos seguirá tendiendo un puente entre Ataun y la Val d’Isil, pasando por el Pirineo gascón. Eso sí, el tema será muy diferente: menos trágico, con espionaje industrial incluido… y sin que falte la moraleja.

Dejar una respuesta