Les appellent Sorciers

En una misma semana he visitado dos centros culturales del entorno pirenaico basados en gran medida en la generosidad del voluntariado: el Museo Jeanne d’Albret, dedicado a la historia del protestantismo bearnés, y el astillero pasaitarra de Ondartxo, donde Albaola está realizando la réplica de una nao del XVI. Aparte del siglo, poco más tendría en común la calvinista reina de Navarra y soberana de Bearn con el ballenero hundido en aguas de Terranova. De hecho ya han salido en este blog tanto la una como el otro, pero sin ninguna relación mutua.

¿Entonces? Pues ocurre que tanto en uno como en otro hay referencias a sorciers. Ya he hablado también de cómo en aquel tiempo se culpaba a la brujería de la pérdida de muchas naves. Pero en este caso los pescadores vascos no son las víctimas, sino los acusados: Les autres pêcheurs les appellent Sorciers. ¿Hasta qué punto era una acusación formal o un simple descalificativo? Porque quien lo recoge por escrito lo hace precisamente para rebatirlo:

sorciers

Aunque no viene al caso, les recomiendo leer la frase entre Sorciers y la explicación al descalificativo sobre el uso “emocional” de la vestimenta.

Hoy día parece una descalificación chocante; pero no olvidemos que los marinos laburdinos, que eran miles, acabaron antes la campaña en aguas canadienses para volver a casa ante las alarmantes noticias de las atrocidades contra la población civil llevadas a cabo por el juez Pierre de Lancre en su persecución a la brujería. Y pese a que le obligaron a interrumpirla precipitadamente -o tal vez por eso-, en 1612 publicó un libro abundando en un tema del que ya había escrito: Tableau de l’inconstance des mauvais anges et démons où il est amplement traité des sorciers et de la sorcellerie. Aparte de sus “experiencias personales” con el demonio y las brujas, afirmaba, entre otras muchas cosas, que la plaga de brujería se debía a que América comenzaba a evangelizarse, con lo que los demonios que hasta entonces vivían tan tranquilamente entre las culturas paganas volaban a Europa en tropas sobre el mar, según atestiguaban muchos marineros.

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Bruja volando sobre un demonio, detalle de la ilustración que acompaña al “Tableau…”

Todavía hoy hay quien discute su salud mental, porque sus afirmaciones resultan delirantes y no casan bien con un humanista de gran cultura… ¿o sí? Porque en el museo de Ortès (el bearnés, variante local del gascón, incluso era lengua de la administración; actualmente casi siempre se lee en su grafía francesa, Orthez) se expone la obra de un gran filósofo calvinista, Lambert Daneau, obra que escribió en 1574 con la finalidad práctica de detectar la brujería. Él mismo, como Lancre, afirmaba ser testigo presencial de casos concretos, y en un pueblo de Saboya, por ejemplo, había identificado a ¡más de 80 brujos y brujas!

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Museo Jeanne d’Albret, de muy recomendable visita. De paso, callejeen entre el castillo y el puente medieval: la oficina de turismo la tienen en el mismo edificio.

daneauCon motivo del vigésimo aniversario, han pedido a 20 personas vinculadas al museo que elijan un objeto expuesto. Una de ellas, Sofie Rossi, se ha decantado por este libro, que tuvo gran éxito y se tradujo del latín a otras lenguas. Más allá de los relatos folklóricos tan abundantes en el mismo Bearn de posoeras (emponzoñadoras) y brochas (brujas), creía que las persecuciones históricas a la brujería habían sido cosa de la Inquisición. Y no, o no solo: grandes pensadores y gobernantes que se mataban mutuamente en guerras de religión compartieron en toda Europa un enemigo común: los brujos y las brujas, gentes sobre todo de origen rural con una forma de ver el mundo bastante “pagana” que, al menos en el Pirineo, ha sobrevivido de un modo u otro hasta hace unas décadas. Y tal vez, en cierta paradoja, ha sobrevivido precisamente por ese brutal empeño en eliminarlo: Des gens instruits alimentaient par leur écrits cette peur.

A mediados del XIX en Bigorra se produjo un caso espeluznante. El racional Cordier lo atribuyó a la ignorancia supersticiosa de un campesinado iletrado que no hablaba sino “patois”. Sí, pero quizá sus instigadores intelectuales eran muy anteriores, no pirenaicos sino urbanos, eruditos y se expresaban en francés y latín. En todo caso, le voy a robar la última frase a Rossi, aplicable también a Lancre (que muy posiblemente conocía, al menos indirectamente, la obra de su enemigo religioso-político): Inspiré par les voix de la raison, Daneau ne l’était guère par celle de la clémence.

Lo de Bigorra y lo de la Inquisición, para otra vez.

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