La banalización del mal

Ya sé que Hannah Arendt no se refería a esto cuando hablaba de la banalización del mal, pero no puedo evitar que me venga a la cabeza. Entiendo el enorme interés que suscita entre públicos muy diferentes porque cuatro siglos después nos sigue costando aceptar que ocurrieran cosas tan terribles tan cerca geográficamente, en paisajes que imaginamos poco cambiados, y que bien podemos calificar de bucólicos.

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Pero no puedo evitarlo. Hablo de la brujería, claro, como ya lo hacía en la entrada anterior.

No comparto la visión que ofrece el Museo de Zugarramurdi, por varios motivos; entre otros, porque se centra en ellas, las víctimas. Es verdad que les otorga una dignidad que a veces se les ha negado; pero sigo creyendo que el problema no eran ellas. El contexto apenas se menciona y no se explica por qué -si el origen de las acusaciones casi se limitaba a remedios medicinales basados en hierbas y restos de paganismo, elementos que han persistido en todo el Pirineo hasta el s. XX- el fenómeno explotó allí y entonces, y no en otras localidades y fechas anteriores o posteriores. Porque hubo muchos más casos, algunos más terribles que el celebérrimo de Zugarramurdi.

En fin, que a mí no me convenza es cosa mía. El patrimonio cultural ha de ser interpretable, porque su valor radica precisamente en la capacidad de hacernos reflexionar. Otra cosa es el patrimonio turístico. Creo firmemente en la posibilidad, incluso necesidad, de que el patrimonio cultural sea un atractivo turístico. Sin embargo, ¿todo vale, y de cualquier manera? Esa es la banalización del mal que me preocupa.

Brujas a la venta en Zugarramurdi.

Brujas a la venta en Zugarramurdi.

El merchandising brujeril tiende a feo, vulgar y uniforme: las brujas que se pueden comprar en Zugarramurdi se parecen demasiado a las de Salem, en Nueva Inglaterra, y por supuesto a las de Les Paüls, en la Alta Ribagorza aragonesa, donde se cometieron numerosas ejecuciones, de nuevo más que en Zugarramurdi, pero casi desconocidas hasta que unos documentos hallados en la torre de la iglesia los pusieron al descubierto. El resultado, en un pueblo que ha pasado de la ganadería al turismo sin transición: un parque temático.

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En fin, seguramente es inevitable, y no tendría por qué ser malo según cómo se hiciera. También sé que el cine es pura ficción, y que la película de Alex de la Iglesia ha hecho un favor a la economía local; pero que sus protagonistas lleven el nombre de aquellas mujeres que tanto sufrieron… No sé si Woody Allen se refería a eso cuando decía que la comedia es tragedia más tiempo. Igual es que me estoy haciendo viejo y ya no me hacen gracia ciertas cosas. O igual es que la violencia de género sigue siendo actual y por tanto tragedia.

Lo que sí sé es que este martes 21 de noviembre, en Esterri, el Ecomuseu de les Valls d’Àneu acogerá una jornada sobre investigaciones en torno a la brujería. Y por la calidad de sus participantes, seguro que no frivolizan con el tema.

Cultura-Viva17

Y yo aquí, sin poder ir.

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