Indeseables

¡Viva San Marcial laico! gritó el 30 de junio de 1936 Nicolás Guerendiain, general del Alarde de San Marcial. 18 días después estalló un alzamiento nacional-catolicista y él, consecuente con su forma de entender la fiesta y por tanto Irun, se puso del lado de la legalidad republicana. En cuanto lo atraparon, fue vejado, torturado y asesinado por paisanos suyos, buenos amigos del célebre colaborador de la Gestapo Melitón Manzanas. El 30 de junio de 1940, nazis que habían llegado la víspera a Hendaia cruzaron el Bidasoa y junto a la ermita de San Marcial saludaron militarmente, taconazo incluido, al general del Alarde, el tradicionalista Pedrós. Este protagonizó la siguiente anécdota: preguntó a los alemanes cuánto habían tardado en tomar Champaña, la región. “Cinco días”, respondieron. “Pues aquí tardaremos cinco minutos”, y les invitó a tomar champaña, la bebida.

Fotos de fichas de miembros de una familia gitana, que ahora forman parte de los paneles del memorial de Gurs.

Tal vez habría que preguntar a la comunidad judía de Baiona, a lo que quedó de ella, qué opina de la anécdota y qué opinaría si se les excluyera de un Alarde en el que los franceses, vascos o no, judíos o no, pueden participar, pero no las francesas, vascas o judías. También habría que preguntar a otros “indeseables”. Porque bajo ese término se encerró a familias judías y gitanas, a mujeres por los más diversos motivos (y no solo el que están pensando), a franceses por su opción política, a gudaris y republicanos en general, o simplemente extranjeros que huían del horror nazi de Centroeuropa, indeseables más de 60.000 personas que pasaron por el campo de Gurs. En esta pequeña localidad bearnesa se creó un campo de internamiento de combatientes a favor de la República, algunos de Irun. Con la llegada de los nazis pasó a ser un campo de concentración y deportación hacia los campos de exterminio. Vergonzoso testimonio del oprobio “collabo”, se necesitó medio siglo para comenzar a recuperar la memoria de Gurs.

¿Cómo habrían actuado los nazis de encontrarse con otra “raza” al llegar al Pirineo? Momor, el pueblo que este mismo 30 de junio escenificó una pastoral sobre los cagots (agotes en gascón) está muy cerca de Gurs. Afortunadamente no lo sabemos porque “el otro” que durante siglos supuso la comunidad agote ya solo era un recuerdo.

Me consta que el conservador del Museo Vasco de Baiona cuestiona que esta foto de sus fondos muestre gitanos, pese a que así se recogió hace más de un siglo. Yo la he hallado en Internet como familia agote. El interés por “esta diferencia” tiene mucho de morbo aún hoy.   

A este lado del Bidasoa, los partidarios del tradicionalismo siguen contando la anécdota e incluyendo la foto que pueden ver más abajo sin el menor sentido crítico. No en vano dicen defender el “Alarde del Pueblo”. Ahora, claro, aseguran hacerlo porque no admiten “imposiciones de la minoría”. También argumentan que son “las mujeres” las que no quieren cambiar el Alarde, y que “la mujer ya está representada por la cantinera”, que no es elegida por mujeres, sino por hombres. En su concepto de democracia, como antiguamente los agotes, judíos o gitanos, cada mujer no es un individuo que toma sus propias decisiones, sino un bloque que se ve afectado por decisiones tomadas -no se sabe bien por quién- en un pasado remoto, incluso mítico. Y en el caso de la mujer, aunque ya no lo verbalicen así, siguen creyendo que por su propia naturaleza femenina, ligada a la familia y al hogar, no les corresponde interpretar ciertos papeles en los ritos de autoafirmación colectiva, esos que reflejan, refuerzan y perpetúan un concepto concreto de comunidad. Todavía recuerdo los ¡mujeres a la cocina, mujeres a fregar! de hace dos décadas que ahora ocultan.

En la Fototeka Kutxa se halla, si no el original, al menos una copia en papel de la época; pero esta foto se ha reproducido en numerosas ocasiones en revistas locales.

Un estudio somero del Alarde nos indica que ha ido variando constantemente; miren, si no, los Alardes de la República y los del franquismo, incluso estos evolucionaron. Es evidente qué herencia recibieron los Alardes de la Transición. Pero una visión mitificada es ciega ante lo que no le cuadra, y es incapaz de contextualizar. De ahí que los nazis en el Bidasoa, por lo demás denostados -quiero pensar que sinceramente-, se presenten como una simpática anécdota en cuanto se cruzan con el Alarde. Y detalles como hacheros desfilando con la esvástica simplemente desaparecen de la memoria colectiva porque no se ajustan a lo que proyectamos en un rito sacralizado.

“El otro”, el “indeseable”, puede cambiar de nombre y aspecto; pero la sociedad tradicional, incluso la que se cree moderna, se sigue pareciendo mucho a sí misma.

Dejar una respuesta