Humor lapidario

La entrada anterior pasábamos por Bearn, y en esta seguiremos, gracias a un bloque errático que el gave de Aussau dejó a su paso en la localidad de Busi, concretamente en el término de Tuberna. De hecho, al bloque se le conoce como el calhau (piedra) de Tuberna, y está junto a un dolmen, detalle no baladí.

tuberna

Se trata de un clásico. Barandiaran recoge varios ejemplos de “itzularri”, que traduce como “piedra de vuelcos”. Digo que es un clásico, y no solo pirenaico. El mismo Barandiaran afirma que es creencia muy extendida, y la ejemplifica en Peñatú, fenómeno geológico, sitio arqueológico e inspirador de la rica tradición oral asturiana.

Aquí nos quedaremos, cómo no, en el Pirineo. Ya he citado el caso bearnés y citaré las referencias vascas que da Barandiaran. Ah, ¿qué en qué consiste? He dicho creencia porque tal vez no sea exactamente un mito, hasta se podría pensar que es lo contrario, una burla a la credulidad; y he hecho referencia a la tradición oral porque así nos ha llegado, aunque paradójicamente se trata a unas palabras escritas de las que difícilmente se llevará el viento, porque lo están en piedra.

Sin embargo, esas palabras, al menos en euskara, son coloquiales hasta el extremo de recurrir al tuteo masculino. De hecho, el tono siempre es humorístico, algo llamativo teniendo en cuenta que una sentencia lapidaria, literalmente escrita en piedra, indica una solemne voluntad de permanencia. Y aquí es justo al revés, ni solemne ni permanente, sino invitación al cambio de posición… de la piedra.

Aizkorri desde la comarca de Goierri

Aizkorri desde la comarca de Goierri

Barandiaran recogió versiones en el monte Oiz (Bizkaia), en la vertiente goierritarra de la sierra de Aizkorri y en el monte Piñuri de Bergara (Gipuzkoa), en un monte de Arano (Navarra) y en Larrun por el lado de Sara (Lapurdi). Como son parecidas, me quedo con esta porque el texto se aproxima más al bearnés.

En la cima de Larrun, junto a la desaparecida ermita del Espíritu Santo había una piedra que parecía sepulcral, con la siguiente inscripción: Ni itzultzen nauenari ez zaio urrikituko (No se arrepentirá quien me dé la vuelta). Los jóvenes que subieron al día siguiente de Pentecostés la volcaron, y hallaron la siguiente inscripción: Lehen ongi ninduan eta orai hobeki (Antes estaba bien y ahora mejor).

En Sara ubican el relato en dos lugares del monte Larrun: en la cima y en su estribación oriental.

En Sara ubican el relato en dos lugares del monte Larrun: en la cima y en su estribación oriental.

La versión bearnesa añade a su gracia que está en verso: Qui’m virerà fortuna qu’averà. La diferencia, muy interesante, está en el vuelco. Tras varios intentos grupales infructuosos, un joven lo intentó una noche, pero con la ayuda del diablo y la intención de repartirse el botín a medias. Y lo consiguieron, solo que el botín se limitó a leer: B’i a lontemps qu’ac disí que virada qu’em volí (Hace tiempo que decía que me quería dar la vuelta).

Este matiz, pese a -o además de- parecer otro relato de diablo engañado, nos remite a los intentos de hallar tesoros en megalitos y los correspondientes sustos cuando lo que aparece es un genio maligno.

Pondré ejemplos en otra ocasión. Por ahora, solo una advertencia: si hallan inscripciones en piedras en medio del monte, piensen bien cómo actuar, porque el hipotético tesoro les puede acarrear…

1) Un gran chasco.

2) Peor, una aparición demoniaca que les dé un susto de muerte (literal).

3) Peor todavía, una grave sanción de la autoridad pertinente por vandalismo y expolio de patrimonio arqueológico.

Porque con el patrimonio, si no es el oral, bromas las justas.

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