Forma y fondo

¿Ribete rojo, o ribete amarillo? ¿Ustedes qué elegirían para su capote? Y no, no nos vamos al Pirineo catalán del s. XXI, sino al Pirineo navarro, concretamente al valle de Roncal de finales del XVI y principios del XVII. Tampoco allí y entonces el color del ribete era cuestión de gustos, sino un distintivo, concretamente entre vecinos y agotes; porque a los agotes se les negaba la vecindad, lo que ahora llamaríamos ciudadanía, y con ello el acceso a los bienes comunales, a las instituciones… y por tanto al orden social que reflejaban los actos que ahora llamamos folklóricos.

El concejo de Roncal en 1914 según el magnífico cuadro de Sorolla.

Ya he hablado de ello, por lo que ahora me quiero centrar en un aspecto al que apenas se ha dado importancia: a diferencia de judíos, moriscos o gitanos, los agotes no se reconocían como una comunidad propia, sino miembros de una comunidad más amplia, cuya mayoría les negaba el derecho a la igualdad. Por ejemplo, los primeros se negaban a vestir capote con el humillante ribete amarillo y se lo ponían rojo, que era arrancado con ira por los “vecinos”. ¿Me atreveré a llamarlos “los normales”, o “el pueblo”?

Porque esos son los términos con los que se autodenomina la parte excluyente en el s. XXI, no ya en los valles pirenaicos navarros, sino en mi pueblo y el pueblo vecino aún hoy, 20 años largos después de que reclamaran su derecho a participar en el principal acto folklórico de nuestras localidades: el Alarde. Aquí, a falta de ribete y de agotes, en los primeros años a las mujeres y a los varones que las apoyamos nos intentaban quitar la txapela  (que es roja, el amarillo no se lleva en el Bidasoa) y otras prendas, la bandera, los instrumentos musicales, etc.

He robado esta comparativa del facebook, en un post que preguntaba por qué parece histórica la intervención de la primera mujer en el maratón de Boston, y sin embargo se considera irrupción violenta y contraria a la voluntad del pueblo los Alardes igualitarios.

Bueno, en Baztan sí que ocurre algo más similar: antes eran los agotes los excluidos de las mutildantzak, las danzas rituales de cada fiesta local; ahora hay quien pretende lo mismo con las mujeres. Los argumentos, en cambio, son asombrosa y peligrosamente parecidos, tanto a ambos extremos del valle del Bidasoa como a ambos extremos de la Baja Edad Media y el s. XXI: los que tenían que oír los agotes y los que escuchan las mujeres. Aquí también se ejerce (ya menos, pero todavía) violencia física, y sobre todo verbal, y de humillación, en especial la expulsión del espacio público, como a los agotes. O intento de expulsión: cuando en la carrera universitaria analizamos el fenómeno agote, me maravillaba su insistencia y persistencia pacífica frente a las continuadas manifestaciones de odio.

Por pura casualidad, esta foto que debo a Elurre Iriarte (esker mile, bai eta Maitane Maritorenari ere), muestra una mutildantza mixta con el cartel de la peli “Baztan”, que trata de la discriminación agote hace siglos.

 

¿Por qué esta violenta negativa? Porque actos en apariencia intrascendentes remitían y remiten aún hoy a todo un orden social, muy profundo, tanto, que desde “la normalidad” ni se ve, y que por supuesto era y es desigual. Un orden que los ritos de autoafirmación colectiva reflejan, refuerzan y perpetúan. Y cuando quedan en evidencia, estallan. Es lo que la antropóloga Carmen Díez Mintegui denomina “emergencias etnográficas”.

De todo el imaginario mítico que acompañaba a la exclusión, ni hablo. No hablo porque ya lo he hecho en repetidas ocasiones en este blog, tanto en el caso de los agotes como en el de las mujeres: es imposible entender los mitos pirenaicos sin entender qué rol se ejercía por sexo, edad, estado civil, origen étnico, opción religiosa. Y de la importancia mítica del espacio y por tanto de su ocupación, incluso del microespacio, también he hablado repetidas veces.

Antes de que surgieran los denominados “grupos de hombres por la igualdad”, en Irun y Hondarribia algunos (pocos, no diré mentira) hemos tenido muy claro que esta se manifiesta en los Alardes. Y en buena compañía, aldaparik ez.

Pero ahora tenemos la Declaración Universal, la Unión Europea, la Constitución, el Estatuto, blablabla… Pues sepan ustedes que en la Navarra conquistada la autoridad imperial y la papal también reconocieron igualdad de derechos para los agotes en todos los ámbitos. En todos. Claro que no movieron un dedo para hacerla efectiva. ¿Y las actuales? Eso, para otra entrada.

Sarrera hau dedikatzen diet, beste behin, Iñaki eta Miren Karmeleri, eta haien festakide guztiei ere bai.

Y ya de paso, pero con algo de mala leche, también dedico esta entrada a toda esa gente que se escandaliza por lo que sufrieron los agotes, y afirman no entender por qué las mujeres quieren participar en igualdad y libertad a las fiestas de su pueblo “sin respetar la tradición”.

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