El ¿verdadero? espíritu de la Navidad

Ya les he recomendado en otras ocasiones el blog de Rosa Sala Rose. Bucear, más que navegar, en sus posts y links sobre la cultura alemana es descubrir todo un mundo. Hubo una entrada que me interesó especialmente y he reservado para estas entrañables fechas: “Los Reyes Magos contra el árbol de Navidad“. ¿Ya la han leído?

A mí, lo primero que me vino a la cabeza al leer la polémica entre el franquista español pro reyes magos y el nazi alemán pro abeto era que parecía un retruécano, ya que es público y notorio que las reliquias de los Reyes Magos reposan en la alemana catedral de Colonia. De hecho, al poco de leerlo vi a Angela Merkel celebrando tal fiesta mientras unas criaturitas le cantaban el equivalente a un villancico sobre los Magos de Oriente… alemanes, ya que en Armenia, por ejemplo, no son tres sino son doce, y ni una catedral tan grande como la de Colonia podría albergar tanta reliquia con la pompa que merecerían.

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Baltasar con sus pajes, a punto de acceder a la casa consistorial de Irun. Obsérvese que un comercio realiza publicidad en el propio desfile, al módico precio de los caramelos que regala.

Que los nazis no fomentaran una fiesta con un negro tiene su lógica. Sí, ya sé que el negro es un invento bajomedieval, pero no estamos hablando de historia. Por eso mismo, que el nacionalcatolicismo denostara una costumbre de origen pagano y extranjero, y así vindicada por los nazis, también. Pero no puedo evitarlo: llevo semanas intentando escribir esta entrada y al final lo hago hoy, día de los Santos Inocentes. Porque cada vez que intento analizar con un mínimo de seriedad estas cosas, me entra la risa, precisamente porque me llama la atención la seriedad con que se toman algunas personas, colectivos e instituciones semejantes polémicas, lo que nos dice mucho de su manera de entender el mundo.

Al menos las sociedades tradicionales pirenaicas, que son las que suele visitar este blog, actuaban según una coherencia interna que hacía creíbles hechos sobrenaturales, por muy chocantes que nos resulten ahora. También en las sociedades modernas, que no creen en brujas volando, el pensamiento mítico sigue funcionando con una fuerza impresionante; la diferencia es que ahora nos negamos a reconocer semejante evidencia, por lo que los resultados son así de chirenes. Ya he hablado en otras ocasiones, concretamente en las entradas de cambio de año de este blog, de los posicionamientos pro/contra Olentzero, Reyes, Santa Klaus-Papa Noël, etc., y de cómo es muy poca la gente que reconoce abiertamente que su opción navideña responde a filias/fobias políticas y adscripciones nacionales concretas. Porque, entre otras cosas, las Navidades nos remiten a la infancia, esa patria común y a la vez individual e intransferible, tan poco amiga de ser analizada con frialdad.

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Menos de doce euros: quien no tiene un abeto en Navidad, al menos de plástico, es porque no quiere.

De todos modos, pese a esa impresión de inmovilidad y oposición de “lo nuestro” y “lo ajeno”, el s. XXI nos ha acarreado una Navidad en la que el árbol y los Reyes no son incompatibles sino complementarios.

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Árbol navideño pro reciclaje en la playa de Bidarte. No sé qué habrían pensado de él los nazis que contruyeron justo a lado uno de los muchos búnkeres del “Muro Atlántico”.

En fin, que no quería volver a hablar de todo esto, sino de otro aspecto de la entrada de Sala. Porque en el ritual nazi de las velas que perpetúan la continuidad de la familia alemana ¿no es muy cristiano que sea el ama de casa la perpetuadora del rito del fuego solsticial? En el Pirineo, el tronco era aportado por el varón de la familia, y los ritos con velas, sí femeninos, eran de iglesia. Polémicas aparte, me parece que el supuesto neopaganismo nazi no dejaba de ser otra versión del tradicional concepto de familia cristiana que defendía el franquismo.

Lo dejaré para el día de la Candelaria. Porque Olentzero me ha traído un regalo que en la próxima entrada me hará hablar de los reyes, del rey negro, concretamente.

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