El nombre es el mito

Cuanto más leo más me asombra cómo se ha mitificado este animal, el menor de los carnívoros no roedores. Tal vez sea porque sus presas pueden ser hasta diez veces mayores, o porque se enfrenta victorioso a la temible víbora, pues recurre a una serie de movimientos supuestamente hipnóticos, cualidad atribuida a sus enemigas las serpientes. Sea por lo que sea, se le considera el único rival capaz de matar a la cocadriz y/o basilisco. Un grabado del s. XVII atribuido a Hollar así nos lo presenta. Mito, pues, generalizado por lo menos desde la antigüedad griega.

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Lo nombro en masculino porque hago referencia a un animal, pero las numerosísimas denominaciones vernáculas siempre le dan nombre femenino, incluso las vascas, que en principio no marcan género. Y todos los nombres son una referencia metafórica, no una denominación específica.

Hablo de la comadreja.

En el Museo Vasco de Bayona vi hace poco una exposición temporal sobre los dialectos, y la ponían como ejemplo de la multiplicidad de nombres, no solo de variantes de una misma palabra, que también. Le saqué una foto para este blog, porque ya sabía que le debía una entrada. Por el mismo motivo, también le he hecho una foto en el Museo de Historia Natural de la misma localidad. Ahí, para el nombre vasco de la etiqueta han recurrido al dialecto laburdino, claro.

Pero en este animal la multiplicidad de nombres no se limita al euskara.

andereder

Hay algo más, aunque la verdad es que no sé qué es. Tal vez llamarlo mítico, más allá de lo arriba citado, sea un exceso, porque el basilisco apenas aparece en el repertorio pirenaico. en todo caso, este animalejo, aun odiado por sus destrozos en gallineros y conejeras, forma parte del rico imaginario popular. El euskara estándar unificado, batua, propone erbinude, el término más extendido; erbi es liebre, inude es nodriza. Podría ser la típica etimología popular, más graciosa que científica. Y tal vez lo sea; pero el nombre laburdino admite menos cuestionamientos, teniendo en cuenta que compendia el término castellano y el francés: anderederra, literalmente señorabella. En español, aunque no nos demos cuenta al hablar hoy día -las pocas veces que hablamos de ella, claro-, comadreja es un diminutivo de comadre; el francés belette es “bellita”. Me habría cuestionado ambas versiones, incluso la vasca, si no fuera porque los ejemplos de otras lenguas abundan en lo mismo: en galaico-portugués doninha, y donnola en italiano, algo así como mujercita; kaerell en bretón, cuando kaer significa bella; parecido en algunos dialectos alemanes… Hasta el nombre latino, mustela, parece ser un diminutivo femenino de mus (ratón), no un nombre específico. El griego deriva de ninfa… Demasiadas coincidencias para ser casualidad.

erbinude

Sin embargo, de todas las variantes, las más llamativas me han resultado las pirenaicas: paniquesa en Aragón y parte de Navarra. La primera tentación es pensar que proviene de pan y queso. Pero en gascón y catalán también aparece paniquera, y en estas lenguas, incluso en altoaragonés, queso es formatge, hromatge y otras variantes. En Internet se hallan interpretaciones para todos los gustos; algunas vinculan quesa/quera no a la leche fermentada sino a un tipo de cardo con el que supuestamente cura sus heridas -en otras ocasiones es la planta es la ruda-. Resultan hipótesis más plausibles, o resultarían.

¿Por qué en las variantes más occidentales vascas y por tanto más alejadas del Pirineo el nombre de este animal es ogi(ta)gaztaia, es decir, pan(y)queso? ¿Qué podría significar esta apelación gastronómica aplicada al pariente pobre del nobiliario armiño?

No lo sé, pero por eso mismo me fascina.

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