El mayor de los regalos

Acababa la anterior entrada deseando que sus correspondientes mitos les hubieran regalado carbón, premio y no castigo en las sociedades tradicionales pirenaicas y de alrededores.
Después he tenido oportunidad de charlar sobre el tema, y me llama la atención la viveza de tales mitos. Hay quien considera el Olentzero “imposición nacionalista” (vasca, se entiende) porque los regalos “siempre” (en una de las primeras entradas recordaba que mito es “lo que nunca fue y siempre será”) los han traído los Reyes Magos. Hay quien considera lo contrario: Reyes = imposición española y católica. Imposición difícilmente se puede considerar, en ningún caso, desde el momento en que ninguna institución, vasca o española, obliga a celebrar y menos a regalar en tales fechas, aparte de que el 25 de diciembre y el 6 de enero sean festivos, y por lo que yo sé nadie reivindica que sean laborables; es verdad que la segunda fecha ya no en la vertiente francesa de los Pirineos. En San Juan de Luz en los años 40 del XX  todavía desfilaban, lo que me hace pensar que su declive norteño se debe al calendario oficial, no a “su españolidad”, puesto que siguen comiendo rosco de reyes (ver foto de hace dos entradas); no sé cómo está la cosa en Andorra. Lo cierto es que hasta en su origen tienen similitudes, ya que los Magos saben del nacimiento de Jesús por una estrella, uno de los elementos atmosféricos que se citan en las muchas variantes pirenaicas del fin del mundo gentilicio e inicio del cristianismo.
Promoción comercial trilingüe y “tricultural”:
cada mito regalador parece responder
a una lengua determinada, o viceversa.
Por eso mismo, en lo que sí hay coincidencia aunque parezca paradójica, es en la crítica que padecen tanto Reyes como Tió, Olentzero, Santa Klaus… Se está perdiendo el verdadero (sic: como el término “siempre”, otro concepto mítico) sentido de la Navidad para crear productos consumistas, burdas copias supuestamente regionales/nacionales/estatales del modelo estadounidense. Una vez más Olentzero es paradigmático, ya que los ropajes autóctonos no ocultan, ahora, a un anciano rechoncho y bonachón de barba y poblada barba. Y el Esteru del occidente cántabro le imita, aunque no compite con los reyes sino que desfila con ellos… ¿tal vez porque no existe un nacionalismo cantabrista? En el caso catalán y aragonés, hay quien considera violencia pegar al tió para que cague: antes ardía, pero es que ahora no hay fuego en las casas… Y se recuerda que no es más que la variante pirenaica del árbol navideño. Pues sí, pero el árbol navideño hace décadas que no es de madera en la mayoría de los casos. Les invito a entrar en wikipedia, sobre todo en las discusiones, y calibrar la vigencia de todos estos mitos con la vara de medir del apasionamiento en las posturas. No se dejen engañar: que nos remitan a la “autenticidad” del pasado (eso sí que es un mito, que mucha gente sigue creyendo con más fe que mis abuelas en las brujas) no oculta que precisamente siguen vivos porque tienen sentido en nuestra sociedad actual.
A mí, historiador de formación y por tanto consciente de que el tiempo es un factor dinámico, no estático, me sigue gustando más analizar la sociedad tradicional, al menos para este blog. Y para eso hay que discernir muy bien los datos del pasado y contextualizarlos en cada momento, y no dejarse contaminar por las filias y fobias del presente.
Un ejemplo, recogido en mi Irun natal, cuando Olentzero no había sido “descubierto” como portador de regalos. Podría haber justificado toda su evolución posterior. Sin embargo, no fue así, porque, mucho me temo, el ejemplo a seguir era la cultura norteamericana más que una campesina monolingüe analfabeta, aun poseedora de un tesoro cultural del que afortunadamente se han salvado algunas perlas. Según ella, Olentzero no solo es el anunciador del nacimiento de Cristo, sino su primer seguidor sin perder la probablemente tradición anterior pagana del fuego solsticial:
Olentzero ementzen ikaskillia eta eraman ementzittuen egurrak Jesus jaio zen tokira, eta eiñ ementzuen sua eta Amabirjiñak esan ementziyon:
– Olentzero, zure eguna beti izango da señalatua, erregaloik onena zuk eiñ duzu. Otzak gaundezen eta sua egin diguzu
Olentzero, carbonero, llevó leños al sitio donde nació Jesús e hizo fuego para combatir el frío, por lo que le dijo la Virgen que su día sería señalado, ya que les había hecho “el mejor de los regalos”.
Pese a las modernidades, la leña sigue siendo uno de los principales combustibles.
Eso sí, el carboneo prácticamente ha desaparecido como actividad económica.
Por favor, que ahora nadie entienda que la Virgen le hizo ascos al oro, el incienso y la mirra. Agradezcan más bien este precioso regalo a Salbadora Ribera, del caserío Erbitegi, y a Nicolás Alzola por recogerlo y publicarlo hace ya medio siglo, cuando en Irun la mayoría de la gente, vascófona o no, consideraba el euskara no como una riqueza sino como un lastre, su patrimonio incultura y al campesinado, su casi único transmisor tras el abandono “en la calle”, como una sarta de ignorantes atrasados.
Insisto: sea quien sea, espero que les haya traído mucho carbón, o cualquiera de sus cálidos sustitutos actuales.

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