El gallo de marzo

¿En qué se parecen un oso y un gallo, en este mes de las mujeres? Antes respóndanme a esta pregunta, más fácil: ¿Han visto ya la película Errementari? No se la voy a destripar, solo les cuento lo que ya se dice en el cuento original: un herrero es tan malo -luego no tanto- que no lo quieren ni en el infierno. Y el herrero, decía en la entrada anterior, es el oso por su fuerza, pero también por su maña y su carácter endiablado.

El gallo, en cambio, con su canto es quien mejor espanta a los demonios y seres malignos en general, sobre todo en la medida en que anuncia la luz del día. El día no se puede adelantar, pese a que marzo acabe con un cambio oficial de hora, y al gallo sí se le puede hacer cantar. Recurrir a la artimaña nos remite en cierta manera a Errementari. Asimismo, el personaje que lo consiga también tendrá un carácter ambiguo, porque, si bien su acto es positivo, siembra una duda: ¿quién es capaz de engañar al mismísimo diablo, y de qué más será capaz?

Gallo protector en veleta zubietarra, forjado por un herrero quizá antepasado mío.

Gallo protector en veleta zubietarra, forjado por un herrero quizá antepasado mío.

Ya acababa la entrada anterior con esto: es la mujer. No es la única, ni tampoco cualquier mujer: en el pensamiento tradicional el binarismo sexo/género es fundamental, pero no suficiente para explicar quién y cómo protagoniza un mito.

Vamos al relato, muy similar en Kastresana, Bizkaia, y en Raons, Alta Ribagorça, y en otros muchos lugares: Una moza tenía que cruzar un río para llegar a la fuente, trabajo habitual de las mozas. Vadearlo le suponía mucho desvío, sobre todo cuando bajaba crecido, por lo que una vez, en pleno enfado, aseguró que daría su alma al diablo a cambio de un puente. No lo acababa de decir cuando el diablo se ofreció a construirlo antes de que cantara el gallo. La moza se asustó y pidió ayuda. La solución está cantada, de tan conocida: despertar al gallo y hacerlo cantar, con una vela encendida en plena oscuridad, o echándole un jarro de agua por encima. El puente queda sin acabar, a falta de una piedra, con lo que el engaño es doble, puesto que es útil sin pagar alma a cambio.

Típica estampa de mozas en la fuente, en este caso de Bizkaia, localizable en el Album del s. XIX que gestiona el Museo Zumalakarregi.

Típica estampa de mozas en la fuente, en este caso de Bizkaia, localizable en el Album del s. XIX que gestiona el Museo Zumalakarregi.

Que la causante del peligro sea una moza y no un mozo, entra de lleno en la concepción tradicional del reparto de roles, en el que las chicas provocan y a la vez son más vulnerables. Podríamos apuntar que es gracias a su inconsciencia que seguimos disfrutando de construcciones tan útiles; pero el legendario no suele incidir en eso. En esta ocasión, en cambio, me interesa destacar dos aspectos: el gallo y quien tiene la buena idea de despertarlo.

En cuanto al gallo, no es cualquiera: el vasco es rojo y/o de marzo. Lo de los colores, a estas alturas del blog, ya sabemos que no es baladí. ¿Pero lo de marzo? Por ahora ahí se queda. El catalán es negro, y “gall negre” es la forma burlona de referirse al cura en una canción de Solanell, Alt Urgell.

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Porque ahora quería señalar que es el ama ribagorzana, no el amo, la que engaña al mismísimo diablo, mientras que en la versión vasca de Kastresana recogida por Azkue, es el cura. En principio parece el profesional idóneo, pero igual esa no es la respuesta más correcta. La mujer en general se ha considerado más propensa a caer en la tentación demoníaca, que se lo pregunten a las brujas; pero su capacidad de engañar a Pedro Botero… ¿de tan mala que es, como el herrero, o quizá por su carácter de sacerdotisa de la casa/templo? Porque también es capaz, por ejemplo, de desviar tormentas. ¿He dicho mujer? Sí, pero solo la etxekoandre, la señora de la casa. Igual “sacerdotisa” y sacerdote no son más que dos caras de una misma moneda, ni tan pagana la primera ni tan cristiano el segundo.

Porque una de las atribuciones de los curas, no solo pirenaicos, pero aquí muy especialmente, ha sido la de conjurar tormentas. Axular no ha pasado a la tradición oral por ser el gran clásico de la literatura vasca, sino por haber aprendido en la cueva del diablo, entre otras cosas, a desviar tempestades. Mientras que en el folklore catalán el bruixot es cura muy frecuentemente, por tanto no siempre positivo.

Pedro Daguerre es mucho más conocido por el nombre de su casa natal, Axular, en la navarra localidad de Urdazubi o Urdax.

Pedro Daguerre es mucho más conocido por el nombre de su casa natal, Axular, en la navarra localidad de Urdazubi o Urdax.

¿Y el gallo, el rojo, el negro, el de marzo? Para otra vez.

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