Dime con quién andas

Vuelvo a “Se’n parlave i n’hi havie“. Ahora estoy enganchado al libro que adquirí en la exposición, “Un judici a la terra dels bruixots”, de Pau Castells, comisario de la expo. Y claro, los temas me vienen a la cabeza. De todos modos, si no hubiese mantenido tan amena charla “amb la Júlia” del Ecomuseu quizá se me habría escapado un detalle muy interesante, que quiero plantear en esta entrada: Gràcies, Júlia. Aunque lo estimulante es cuestionarse lo que dábamos por sabido, se pueden extraer algunas conclusiones. La primera, que no hay como ir recomendado a los museos, por eso yo los recomiendo tanto.

La segunda es que no hay como leer y contrastar. Sorgin, persona que adora el diablo, es solo una de las dos acepciones de la palabra vasca, según Barandiaran. Si consultan su diccionario de mitología y en general leen su obra, comprobarán que esta acepción es la menos recurrente en los relatos de tradición oral, al menos la vasca. No es inexistente, ni mucho menos; pero a menudo la expresión es “sorginak”, en plural, sin especificar género y traducible como genios nocturnos malignos. Y añado lo de malignos porque ahora hay cierta tendencia a la idealización del término.

Dejo eso, que también trata la exposición, porque lo que más me interesó fue que en las primeras Ordenanzas contra la brujería no se codificaba el castigo a “les bruixes”, sino a quienes acudieran, “hom o fembra”, “amb les bruixes de nit al boc de Biterna”. Si las acusaciones no eran a las brujas, sino a quienes, hombres o mujeres, iban con ellas de noche, ¿quiénes eran “les bruixes”, genios nocturnos? ¿El “boc de Biterna” era el diablo, o nos hallamos ante creencias paganas al macho cabrío que a medida que se legislan se ajustan al esquema de la Iglesia oficial y demonización del chivo?

Tercera conclusión: No hay respuestas claras, y tal vez no las haya nunca. Y tal vez sea así porque se está generalizando una visión de paganismo bueno por cercano a la naturaleza e igualitarista (sic) versus cristianismo malo, por intolerante, cruel, coercitivo y misógino.

Sin negar lo negativo del cristianismo en general y respecto a la brujería pirenaica en particular, creer que las ideas paganas de las poblaciones pirenaicas eran idílicas y no respondían a miedos, envidias, ignorancia, prejuicios y eso que ahora llamamos “lucha de clases” y “desigualdad de género” en un entorno natural enormemente hostil… es no entender nada, o no querer entenderlo. Y del supuesto matriarcalismo de la “etxeko andre” o la “dona pirinenca” que habría llevado a considerarlas brujas, ni hablemos.

Hay cantidad de relatos en los que la atrevencia, sobre todo femenina y joven, de salir de noche es castigada con un “sorginek eraman“; es decir, que al o a la protagonista se la llevan las brujas. Mi abuela (y nadie, por lo que he leído) nunca supo si muchas o pocas, si femeninas o masculinas o ambas o el género es irrelevante porque la palabra sorgin no lo especifica, ni a dónde se la llevan ni a qué ni hasta cuándo… Lo único que se insinúa -y a veces ni eso- es que se la llevan por los aires. No es la demonología cristiana con su infierno, pero en la práctica el final es igual de terrible.

Claro que, por otro lado, en la brujería “de manual, el protocolo previo al akelarre incluye la presentación de neófitos al demonio, que lo mismo aparece como un chivo maloliente que como un gran señor, por muy chocante que nos lo parezca ahora. ¿Se referían a eso las ordenanzas de les Valls d’Àneu ya en el primer cuarto del s. XV? Porque en este caso van “con las brujas” voluntariamente.

Última conclusión: El de la brujería es un caso paradigmático de tema que ha generado abundantísima bibliografía, y sin embargo sigue presentando numerosos aspectos por estudiar.

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