Warning: Parameter 2 to qtranxf_postsFilter() expected to be a reference, value given in /usr/home/kalegoi.com/web/wp-includes/class-wp-hook.php on line 286 Cagüen…

Cagüen…

Hace 30 años presencié un hecho vulgar pero impresionante: bajábamos del bosque de Irati a Orbaitzeta, en el navarro valle de Aezkoa, y vimos a un hombre que pretendía coger una yegua esquiva; cada vez que se acercaba, esta se alejaba, hasta que casi sí… En el último instante, la yegua giró bruscamente y cruzó el río al trote, y el potro con ella. Un juramento retumbó como un trueno en la hasta entonces bucólica escena. No lo voy a repetir. Solo diré que no solo se defecaba en la madre de Nuestro Señor, sino que le atribuía un oficio muy poco en consonancia si es cierto que no conoció varón.

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El río Magdalena, embalsado antes de desembocar en la Noguera Pallaresa. Hace décadas que los embalses acabaron con el transporte de troncos por los ríos, y que mulos y bueyes dieron paso a tractores y camiones.

Lo que viene ahora sería más un chiste, aunque la ubicación geográfica pretende darle verosimilitud. Solo que se cuenta en dos lugares distintos: por un lado, en la cabecera del río Magdalena, junto a la ermita de Sant Joan de l’Erm, en la catalana comarca de Pallars Sobirà; por otro, entre Uncastillo y Sádaba, en la comarca de las Cinco Villas, Prepirineo aragonés. En el primero, un arriero arrastra troncos ante un par de religiosos, y en el segundo, un carretero transporta trigo junto a un cura. En ambos casos las mulas se atascan y no consiguen continuar, hasta que arriero y carretero culpan a los curas… porque ante ellos no podían utilizar el único recurso válido. Cuando obtienen la respectiva venia, emiten un juramento o reniego tal que los animales dan el arreón suficiente para desatascarse. La versión aragonesa es más graciosa, porque el cura afirma que no es pecado cagarse en el uno de noviembre: ¿que no? -exclama el carretero- ¡pero si me he cagado en todos los santos a la vez!

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Acarreo de troncos en el bosque de Irati en 1934. Fotografía del Marqués de Santa María del Villar, un tesoro etnográfico.

Yo todavía recuerdo con fascinación a Joxe de Amasain gritando de todo a sus mulos. El blanco se llamaba Palomo, y el pardo, no me acuerdo. Sacaban árboles en un talud de gran pendiente entre los terrenos de Bidaerreka y Bordatxuri. Ahora parece que fue en la prehistoria. Entre otras cosas me fascinaba porque soltaba unos reniegos y juramentos solo en aquellas circunstancias legítimos, por lo demás grandísimo pecado. Tendría todo esto poco de mito; como mucho, de evidencia de las diferentes valoraciones de la religiosidad popular y la religión oficial, algo que se olvida a menudo.

Pero yo creo que estos ejemplos van más allá del chiste, la anécdota o el enfado: de nuevo, nos encontramos con la creencia en la fuerza sobrenatural de la palabra. Las consecuencias ultraterrenas serán terribles, pero serán después. Por decirlo con un término del s. XXI, es un uso de la palabra que empodera; por eso, hasta el mal hablar es una cuestión de género. No por casualidad mi padre decía “que jure un hombre está mal, pero que jure una mujer…”

Maldición, blasfemia, reniego, juramento no son lo mismo, ni lo son encantamiento, oración, jaculatoria; pero todos contienen un elemento común: el convencimiento de que el mero uso de la palabra puede modifica la realidad.

Cuidado con lo que decís, no se vaya a cumplir.

2 comentarios

  1. Josefa María Setién Aramburu
    Josefa María Setién Aramburu 5 marzo, 2017 at 09:15:58 | | Responder

    Todo esto trae a mi memoria la vida de mi padre en Las Landas, trabajando en su inmenso bosque ayudado por un par de mulas. Seguramente emplearía también ese recurso de los juramentos para mover a alguna díscola mula. ¿ Sería, tal vez por haber agotado todos los juramentos en esa época la razón por la que mi padre No juraba nunca ?.

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