A zapatazos

¿Recuerdan al periodista iraquí que lanzó un zapato a Georges Bush? Y le llamó perro. Esto último todavía nos resulta familiar; pero arriesgarse a una acusación de ataque terrorista por lanzar un zapato… Después nos explicaron -no mucho, la verdad- que en su tradición cultural aquel gesto manifestaba un profundísimo desprecio. Entonces entendimos algo más, y hasta podría parecernos poco para el principal responsable de la catástrofe que está sufriendo toda la región.

Viejos zapatos, ahora patrimonio en Gordailua, junto a otros objetos provenientes de un caserío.

Hay gestos que por su distancia, geográfica, cronológica o cultural nos resultan de difícil interpretación. El lanzamiento de zapato es uno de ellos. Porque en el Pirineo del s. XXI entendemos mejor, o yo al menos -ustedes me dirán-, el zapatazo a Bush que un conjuro anti tormentas del s. XVII.

Bueno, no sé si es del XVII, ni si es exactamente un conjuro.

De curas desviando, más que deshaciendo tormentas, ya he hablado. Y de los diversos remedios para ello, también. Y también de que las tormentas se creían sobrenaturales, de ahí que los remedios no se pretendan científicos, al contrario. El caso de hoy, aunque en el mismo contexto, aporta una particularidad que no sé interpretar. Una vez más, lo ejemplifico en dos comarcas pirenaicas muy alejadas. Insisto en que va más allá de los conjuros ritualizados, y mucho más allá del conjuro preservativo generalizado: la bendición de los campos en la Santa Cruz de mayo, cuando el trigo ya comienza a granar, el maíz ya está sembrado, los frutales ya están madurando y la hierba ya está creciendo en los pastizales. Y cuando las tormentas y granizadas son tan habituales.

“Ttikia banaiz, haundia banaiz, maiatzean burutuko naiz”: grande o pequeño, granaré en mayo, dice el trigo, como este de Elorregi Aundi. Eskerrik asko Debagoienako larrañagatarrei.

Primer caso: Axular, párroco de Sara (Lapurdi) en el s. XVII, ha pasado a la tradición oral no por ser el gran clásico de la literatura vasca, sino como cura sapientísimo y gran conjurador de tormentas. No en balde había estudiado en la cueva del diablo. Como su hermano, que se había dado al mal. Esta dicotomía se merecería su propia entrada, pero la dejo para otra ocasión.El caso es que se le apareció en guisa de gran caballero, y ante los trigales que ya granaban, le dijo: “tengo buenos caballos que trillarían este trigo”. A lo que Axular, que había reconocido a su hermano, le respondió: “tengo buenos frenos para sujetar esos caballos”. No explicaré cómo se ha trillado tradicionalmente, porque está claro que hablaban como se hablaba en la sociedad tradicional, mediante imágenes, ahora diríamos metáforas.

Iglesia de Sara.

Axular pidió a la criada que le advirtiera en cuanto viese aparecer una nube sobre Larrun, la montaña que queda al oeste de Sara, de donde vienen las tormentas. En cuanto apareció, el cura se dirigió a conjurarla. ¿Cómo? Lanzó un zapato, que el viento elevó hasta la nube, y esta se deshizo. También la boina, la faja, un caldero, hasta la sombra de Axular tienen carácter mágico. De hecho, el cúmulo de mitos en torno a Axular es tal que el del zapato parece una anécdota.

Pero hallamos un relato con interesantes concomitancias en la comarca de la Garrotxa. Allí, el cura de Santa Pau preveía una tormenta tan fuerte que pidió a cuatro hombres que lo sujetaran, para que no se lo llevara el viento. Por supuesto, eran brujas quienes dirigían las nubes, y con ellas mantuvo una disputa, primero oral, y después podal: para detener su marcha, le pedían al cura una “penyora”, una prenda, no en el sentido de ropa, sino algo cedido “en prenda”. El cura les lanzó un zapato al aire y así detuvo la tormenta. Hallaron el zapato varios días después a unos kilómetros de distancia, en Els Arcs.

Arcadas, pero no “Els Arcs”, sino les voltes de santa Pau.

¿Por qué un zapato frena las tormentas? ¿Quizá porque es un elemento que liga constantemente la tierra y el aire cada vez que andamos? No lo sé, hemos perdido las referencias culturales que nos permitirían entender mejor el relato. Pero gracias él al menos sabemos que había lazos de unión cultural entre el bajo norpirineo atlántico y una comarca volcánica surpirenaica mediterránea, seguramente porque el modo de vida tradicional no fue tan diferente. Que no es poco saber.

Aquesta entrada està dedicada al meu Jaume favorit, i a tota la seva família, la garrotxina i la que va des del nord més nord fins al sud més sud d’aquest món.

Un comentario

  1. jaume ramírez pujolar
    jaume ramírez pujolar 5 junio, 2018 at 11:18:18 | | Responder

    Xabier, Que bonito !!!!
    Después de una primavera de muchas aguas en las Garrotxa, mas de uno agradecería que volaran zapatos para así poder así hacer salir al sol.

    Recuerdos a la familia

Dejar una respuesta