A tiros

Aunque a veces la ciencia parece dar la razón al mito, es pura coincidencia el relato de hoy con los cohetes que convierten las nubes de destructivo rayo y/o granizo en benéfica lluvia. Porque, ya lo he dicho otras veces, responden a lógicas diferentes. Igual la palabra lógica no es la más adecuada; pero no voy a filosofar. Cuando mi suegra, que es riojana, dice eso de “me da más miedo que un nublau” lo hace metafóricamente. No hace tanto, sin embargo -y en su pueblo en gran medida sigue siendo así- que un nublau daba mucho miedo porque la cosecha del año se podía perder en un rato.

Pep Coll ubica el siguiente mito en una localidad pallaresa sin especificar junto a la Ribagorça, sin más precisión. Como el primer fin de semana de agosto se celebra la ya tradicional Jornada de la Terreta y como tienen una casa dels voltors, se lo dedico, pues la parte catalana de esta subcomarca ribagorzana es administrativamente pallaresa como parte del amplio municipio de Tremp.

futriak

Resumo a Coll: el ama joven de una casa ve acercarse una nube de tormenta que amenaza con destrozar la cosecha a punto de ser recogida. Guía la nube un águila negra. El ama joven dispara la escopeta, hiere al águila en un ala y la tormenta se deshace en cuatro gotas de lluvia. A la vuelta a casa, se encuentra a la suegra con el brazo vendado, pues era el águila-bruja. “Si lo llego a saber, disparo a matar”.

terresgin

No es la primera vez que en este blog un águila-bruja catalana protagoniza un microrrelato de múltiples lecturas. La bruja metamorfoseada en animal que queda descubierta precisamente por la herida es un clásico; la bruja guiando una tormenta, también. La lucha entre madre e hija y sobre todo entre nuera y suegra es otro clásico, también en la Terreta. A veces parece ganar la vieja, pero es ley de vida que la joven se imponga… y se repita la lucha en la siguiente generación. Que una mujer -ojo: no cualquier mujer, sino ama de casa- conjure la tormenta no es tan habitual, porque es atribuirle dotes sacerdotales, pero no es raro en el Pirineo.

Tampoco es raro que en el Pirineo catalán, gascón y aragonés se considere simplemente bruja a una divinidad de las tormentas que en tierras vascas se denomina Dama, Señora, a veces Sorgina y, más por comodidad e incluso desidia que por otro motivo razonado, últimamente casi siempre Mari. Mari también se metamorfosea, por ejemplo en buitre, junto a sus compañeras. Para extrañeza de quien habla batua (euskera unificado) o dialectos centrales y occidentales, en los Pirineos -incluso mi abuela baztandarra- se denomina arrano (águila) a los buitres. Y la joven “secuestrada/recogida” es uno de los orígenes que se atribuyen a Mari… Más que origen, explicación de su pervivencia, puesto que su “secuestradora/recogedora” sería una Mari previa…

En fin, que a mí la versión de Coll me da muchas pistas para entender la ausencia/presencia de los mitos vinculados a Mari en unas comarcas donde, como tal genio, parece no haber constancia.

De todos modos, lo que más me fascinó cuando lo leí fue que la joven ama conjuradora eligiera un recurso en principio tan poco femenino como es la escopeta. Tal vez las mujeres disparadoras no han sido tan raras en el mundo tradicional como ahora nos parece. En todo caso, la oposición de los iguales es un recurso característico en el pensamiento tradicional, en este ejemplo el fuego (de escopeta) contra el fuego (del rayo).

eibar

En Eibar, villa armera por antonomasia -museo incluido-, se decía que las brujas habían desaparecido de allí antes que en ningún sitio a causa de las armas de fuego. Cuando decían brujas ¿hemos de entender adoradoras del diablo, un genérico de seres malignos o provocadoras de tormentas? No existe una respuesta única porque evidentemente se trata de una interpretación popular, no un hecho constatado. Solo es una forma gráfica de entenderse como comunidad urbana, industrial y moderna desde la Edad Media en contraste  con el mundo rural circundante.

tronera

Sea como sea, resulta significativo que las primeras armas de fuego se denominaran “truenos”, que las saeteras acondicionadas a las nuevas armas de fuego ellas se llamaran troneras, y que las llaves de disparo semejaran dragones, en evidente analogía a lo que ya conocían o mitificaban. Incluso se cree que un cuerpo militar adquirió este significativo nombre porque así se denominaban cierto tipo de arcabuces.

Hasta la modernidad que dice haber superado el mito tradicional se ha basado en él.

Un petó a la Terreta.

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