¿Olentzero versus Reyes Magos?

En la actual sociedad vasca, fuertemente politizada y tan consumista como cualquiera otra europeo-occidental, hay quien confronta a Olentzero y Reyes Magos como portadores de regalos. Básicamente, “a favor” (o en contra, según quién) de Olentzero se argumenta que es anterior al cristianismo y solo vasco. Los Reyes, además de cristianos, son españoles y monárquicos, lo que atrae o aleja a uno u otro sector de población. Se podría discutir hasta qué punto Olentzero, personificación del mito del fin de los gentiles y/o del tronco solsticial, habría sobrevivido, incluso tal habría surgido como personaje, sin el cristianismo. En todo caso, lo importante es que si no fuese portador de regalos, hoy sería terminal. Otro tanto se podría decir de los Reyes, fiesta en teoría religiosa cuyas cabalgatas organizan los ayuntamientos y no las parroquias, que solo son “españoles” en la medida en que han perdido fuerza en otros países del orbe católico, y que por cierto compiten cada vez más, además de con Olentzero i el caga tió, con Santa Claus/Papá Noel. Por lo demás, es sabido que son de Oriente: San Nicolás sí que es español; por eso lleva a Holanda naranjas junto con los regalos. En la práctica, muchas familias vascas festejan (es decir, consumen) ambos mitos.

En el ábside de Santa Maria de Taüll, en la Vall de Boí, los tres Reyes Magos…
Mejor sería decir, tres de los Magos, que no reyes, según versiones.
Al tratarse de pinturas románicas, Baltasar “todavía no es negro”.
Las cosas no se planteaban así hace cien años, cuando las sociedades tradicionales pirenaicas seguían siendo mayoritariamente ágrafas, prepolíticas y monolingües autóctonas, y católicas aun con una religiosidad popular impregnada de paganismo y a veces bastante alejada de la oficialidad; y, por supuesto, nada consumistas, más bien casi de subsistencia.
Como de Olentzero ya he hablado en la anterior entrada, me centraré en los Reyes. Obviamente, entonces solo traían regalos a la infancia de la burguesía, puesto que al mundo rural y al proletariado urbano todavía le faltaban un par de generaciones para ello. Los Reyes cerraban el ciclo navideño y abrían otro, el de carnaval. Según mi abuela navarra, concretamente baztandarra, en Oronoz se iba a misa y cada casa (entiéndase familia) aportaba tres presentes. A falta de oro, incienso y mirra, solían ser manzanas, nueces, avellanas, castañas… cosas de comer. El cura (la parroquia, y no el ayuntamiento, era la unidad de medida comunitaria, y el párroco su máxima autoridad) organizaba a la tarde una merendola para toda la chiquillería del pueblo. Es decir, que el rito reinterpretaba la adoración de los Magos al Niño Jesús en una escenificación oficiada por el cura para reforzar el sentido de comunidad mediante la aportación de sus unidades básicas, las casas, a quienes serían la generación futura.
No he encontrado correspondiente pirenaico. De hecho, no he oído otro caso similar al de Oronoz. En Igualada, población catalana no pirenaica, en el origen de su célebre cabalgata está la Beneficencia, institucionalización burguesa de la caridad católica comunitaria. Tal vez lo esté en muchas más. También en Irun siguen visitando los reyes el asilo, aunque hace décadas que no es la acogida de hombres y mujeres con muchos años y pocos recursos: los Reyes puede que sean “de siempre”, pero las realidades que ritualiza bajo formas más o menos permanentes, no.

Baltasar “negre” de la cavalcada d’Igualada, estudiada per
la antropòloga Savina Lafita Solé (gràcies per la foto, maca).

Y al revés: pese a las diferencias formales entre Olentzero, Reyes y otros mitos navideños, queda mucho del fondo común: “El Pont d’Arcalís”, en su disco Balls i cançons del Pirineu, canta el Ninou, una cançó de recapta infantil alturgellenca que glosa la vida de Jesús desde la Anunciación de San Gabriel hasta que resucitó al tercer día, incluido el tercer goig: …de l’Orient, / dels tres regnes fou present / volent saber lo naixement / de Jesús fill de Maria. Goigs cristanos que no obstante acaban como podría hacerlo el Olentzero basc que m’ha dit un ocellet que n’hi a a la Taverneta de Ripoll: la bona casa, la bona brasa / lo bon tió, lo bon carbó, / Santa Nit que Déu nos do! Lo que me hace pensar (eso y canciones similares halladas en la wikipedia, ese pozo de sabiduría siempre a contrastar), que se trata de una cançó de Nadal. Es decir, también allí, del solsticio más o menos cristianizado y para nada opuesto a los Reyes.

Sea como sea, espero que esta noche, o cuando sea el mito en que ustedes crean, les traiga mucho carbón. Porque, aunque ahora no lo parezca, el carbón era el premio, no el castigo. Pero eso es para otra entrada.

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